Lunes 16 de octubre de 2017 7:22 pm
NOTA DE LA SEMANA
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Cultura y Lectura Octubre 2017

Armonías

Obra completa para arpa de Ruiz Armengol

Por Manuel Chávez

Mario Ruiz Armengol (1914-2002) fue un músico extraordinario. Con el mismo sentido de armonía compuso boleros, música de cámara, música para    el cine y obras sinfónicas (destaca, por su belleza y poder evocativo, La calle de los sueños de 1956). A pesar de ser un músico con amplio reconocimiento, uno de sus méritos suele pasarse por alto: es el compositor más prolífico en obras para arpa de concierto, en México y en toda Latinoamérica.

Hace diez años, su obra completa para el arpa fue compilada y publicada por Guadalupe Corona, investigadora y arpista principal de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, quien se dio a la tarea de localizar los manuscritos y prepararlos para que cualquiera, músico o no, tuviera acceso a este conjunto de obras que abarcan dos periodos de creación bien delimitados, el primero de la década de los cincuenta y el segundo en los años setenta del siglo pasado.

Hoy ya existe un espléndido registro sonoro, realizado por el arpista mexicano Emmanuel Padilla Holguín con el apoyo del Fondo Nacional para   la Cultura y las Artes. Este joven arpista, nacido en 1993, ha editado un disco doble bajo el sello de Tempus Clásico con la obra integral del compositor veracruzano.

En entrevista con esta columna, Padilla Holguín explicó el interés principal de esta producción: “dar  a conocer muchas piezas que son desconocidas para el público, esperando que con esta grabación se despierte el interés tanto de las personas, como de los arpistas. Se trata de 24 obras originales de carácter íntimo y muy personal. Obras muy bien escritas, que emocionan de manera natural. Es música muy pura, se disfruta mucho estudiarla e interpretarla”. El propósito es ofrecer el sonido más natural posible, como si el arpa estuviera en la sala de nuestra casa. Así se presenta este disco, donde el arpa conversa consigo misma en un monólogo interior, reflexivo, reposado. A través de piezas como Celajes, El viento o Matinal, Padilla Holguín desmenuza el pensamiento musical del compositor. Su ejecución es limpia, diáfana, como si en sus dedos cada pieza se revelara de la penumbra, a la luz de la madrugada. En la serie de estaciones que abren el segundo disco, La primavera, El verano, El otoño y El invierno, el arpista logra emular un agitar de alas, un goteo lento, una canción sin palabras, el trino de un pájaro lejano y los requiebros de una mariposa diminuta. Una a una las piezas van revelando un complejo equilibrio entre la delicadeza y la contundencia de una idea musical. En El arroyuelo el ejecutante presenta los temas, los decanta, los expone, incluso da la impresión de jugar con ellos, pero en otras, como Esperanza o Sylvia, se vislumbra una reflexión. Una sucesión de arpegios dulces y prolongados, pasajes de complejidad manifiesta que ponen a prueba el temple del intérprete.

En suma, este disco es una valiosa muestra del legado artístico de Mario Ruiz Armengol, pero también constituye un ejemplo del sólido talento de Emmanuel Padilla Holguín, arpista de talla internacional.

@ManuelCh_r

 

Kalimán

Por Hugo Pablo Melchor

 

En México al noveno arte le costó mucho trabajo ganarse su título; por décadas no se le  consideró una expresión artística digna de atención, incluso, a algún extremista se le ocurrió que su nombre más adecuado sería “cuento”. Así, hubo una época en que los puestos de periódicos rebosaban de  cuentos que narraban aventuras de importación, en títulos como Fix y Foxy, Los invencibles del siglo 20, Marvila, Archi o El planeta de los simios, que convivían con sus pares locales Chanoc, Paquito, Tawa el hombre gacela, Leyendas de la Colonia y Kalimán el hombre increíble. Este último no solo ha tenido la particularidad de ser un campeón justiciero cuyas hazañas rivalizan con las de sus equivalentes estadounidenses, sino que es de los pocos personajes de la ficción mexicana que se dieron el privilegio de saltar a la pantalla grande, en dos películas que se desenvuelven en lugares paradisiacos.

1963 vio nacer al Hombre increíble en el formato de radionovela, de enorme aceptación entre los radioescuchas que disfrutaron de su primera historia, “Los profanadores de tumbas”, esa que dos años después aparecería en los puestos de revistas, para dar inicio a la leyenda de Kalimán en su versión impresa. Tenía cierta similitud con las pulp norteamericanas, también  marcadas  por  el  desdén  en  sus orígenes, para después transformarse en objetos de culto, donde los temerarios Doc Savage, La Sombra y Ka-Zar asombraban a sus lectores.

Las aventuras de Kalimán surgieron del talento de Modesto Vázquez González, Rafael Cutberto Navarro Huerta, Héctor González Dueñas (a) Víctor Fox y René del Valle. Luis Manuel Pelayo llegó a aportar la voz del héroe y, sorprendentemente, el cómico Luis de Alba, en uno de sus primeros roles artísticos, fue la voz de Solín, el fiel compañero. En el cine el justiciero fue personificado por el canadiense Jeff Cooper.

En este 2017  El  hombre  increíble  regresa  por la puerta grande en formato de novela gráfica, con su aventura “El dragón rojo”; en muy pocos meses disfrutaremos sus hazañas por medio de una aplicación, un videojuego y, muy posiblemente, una serie animada.

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