Lunes 16 de octubre de 2017 7:19 pm
NOTA DE LA SEMANA
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El mercado cambiario en tiempos electorales

Marianna Lara y Roberto Valadez*

En un mundo con mercados financieros más integrados y conectados en comparación con los de hace 30 años, el tipo de cambio ha dejado de reflejar únicamente la tasa de intercambio entre una moneda extranjera y la moneda local; ahora se ha vuelto un barómetro de las perspectivas sobre los procesos políticos y lo que podrían implicar para el crecimiento y desarrollo económico.

En otras palabras, el tipo de cambio reacciona a los discursos y acciones políticas, así como a las expectativas respecto a la siguiente administración. Los movimientos en el tipo de cambio son más abruptos –y, por ende, perceptibles– cuando hay propuestas políticas diametralmente distintas a las que se están ejecutando, sobre todo cuando se cree que las actuales son positivas para el desarrollo de un país y cuando hay poca posibilidad de que la administración vigente continúe.

Actualmente, los inversionistas apuestan a un país a través del mercado cambiario formando portafolios con distintas monedas y ponderando en mayor medida aquellas sobre las que existe una mejor expectativa, ya sea por un conjunto de políticas o por cierto fenómeno que beneficie a una región.

En el último año se ha manifestado de manera más clara esta situación, especialmente en dos casos: la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) y la elección presidencial de Estados Unidos. En ambos casos, durante las campañas y antes del día de la elección, se produjeron movimientos excesivos en los mercados cambiarios, para posteriormente reajustarse ante la imposibilidad de las instituciones de generar los cambios con la rapidez que los inversionistas ya habían incorporado en los precios.

Antes de la elección presidencial del 8 de noviembre de 2016 en Estados Unidos, el dólar permaneció relativamente estable ante la expectativa de la victoria de la candidata Hillary Clinton y, con ello, la continuidad en las políticas de la administración del presidente saliente, Barack Obama. Con el triunfo de Donald Trump, y sobre todo a partir de su toma de posesión, el dólar se apreció contra la  mayoría de las monedas (recordemos que el tipo de cambio en México alcanzó niveles superiores a los 21 pesos por dólar), debido a la retórica empleada, de intento y ejecución de una política aislacionista en materia económica e incluso militar, y de cambios en políticas internas como la fiscal, la educativa y la de salud pública. Sin embargo, la incapacidad de la administración para ejecutar estas políticas revirtió la tendencia del dólar, que se depreció significativamente.

De manera similar, la libra esterlina se ha depreciado contra otras monedas a raíz de los resultados del referendo sobre la permanencia en la UE, que se llevó a cabo el 23 de junio de 2016.  La caída de la libra esterlina volvió  a  presenciarse este año, durante la campaña de la primera ministra Theresa May, quien pugnó por un hard Brexit. Si bien el Partido Conservador obtuvo una victoria pírrica en el Parlamento en las elecciones del 8 de junio de 2017,  y con ello disminuyó la factibilidad de ejecutar un hard Brexit, la libra esterlina no ha logrado recuperar los niveles previos al anuncio y avance en la ejecución de este cambio con implicaciones políticas, económicas y sociales.

Más recientemente, en Europa hemos visto volatilidad en el tipo de cambio por un posible giro del paradigma institucional –rechazo de la UE– y el crecimiento de los nacionalismos. En las elecciones presidenciales de Francia de mayo y junio pasado, antes de la primera vuelta del 23 de abril de 2017, cuando algunas encuestas situaban arriba a la candidata de extrema derecha y pronacionalista Marine Le Pen, el euro mostró fluctuaciones importantes. Sin embargo, en la proximidad de la segunda vuelta, celebrada el 7 de mayo, y de alguna forma anunciada la victoria del candidato centrista proeuropeo Emmanuel Macron, el euro se apreció y regresó a sus niveles previos (véase la gráfica).

Así como el dólar, la libra y el euro, el peso mexicano, ubicado como la décima moneda más negociada en el mundo,1 se ha convertido también en un barómetro; hay evidencia de que los últimos procesos electorales federales han influido en su trayectoria y expectativa de apreciación o depreciación.

En las elecciones presidenciales de 2006, durante las campañas y después de la votación, debido a la incertidumbre que sembró la estrecha diferencia entre los resultados obtenidos por el primer y el segundo lugar, el tipo de cambio peso/dólar se depreció. Pero al conocerse la victoria del candidato del PAN, Felipe Calderón, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación calificara la elección, el peso regresó al nivel que registraba antes de las campañas.

En las elecciones presidenciales  del 1º de julio de 2012, ante la ventaja significativa, de unos ocho puntos porcentuales, que llevaba el candidato del PRI sobre el candidato del PRD, el tipo de cambio no mostró movimientos importantes; era imaginable quién ganaría la Presidencia de la República. Asimismo, concluido el cómputo electoral, con la obtención de la mayoría en las cámaras de Diputados y Senadores por la alianza encabezada por el PRI, se levantaron las expectativas de aprobación de las reformas estructurales que dicho partido había anunciado durante la campaña, y el tipo de cambio se apreció aceleradamente.

¿Qué podemos esperar para 2018 en un clima permeado por la falta de certezas? Hoy existe incertidumbre sobre los actores y acciones –los candidatos a la Presidencia; el desempeño de partidos, instituciones y autoridades; el desenvolvimiento de las campañas; la integridad electoral; el día de la votación; la aceptabilidad de los resultados, así como sobre los resultados   mismos

–Ejecutivo e integración del Congreso.

Hay  distintos  escenarios   para el  1º  de julio de 2018, que incluyen  el triunfo de Morena, del PAN, del  PRI, del PRD, y la nomenclatura que de ellos pueda emanar por medio de alianzas electorales y posiblemente de gobierno. En cuanto al Congreso, se prevé que resulte altamente polarizado, dividido entre distintas fuerzas, lo que dificultará la gobernabilidad. En sí, la incertidumbre radica en si habrá continuidad o no de las políticas vigentes, sobre todo en la implementación de las reformas estructurales impulsadas por la actual administración.

Considerando que prevalece la incertidumbre sobre la continuidad  de un proyecto político-económico ante las diversas opciones que se vislumbra contenderán por los más de tres mil puestos de elección popular, y sobre todo por el Ejecutivo federal, en los siguientes nueve meses del proceso electoral de 2017-2018 podemos esperar alta volatilidad del tipo de cambio, tendiente a la depreciación del peso sobre todo en algunas etapas, como el periodo de precampañas, las campañas, la jornada electoral y los días posteriores a ésta.

Además,  algunas   instituciones con influencia en los mercados han comenzado a verter comentarios al respecto; por ejemplo, Susan Knapp, directora gerente de Moody’s Investor Services, indicó que un eventual triunfo de Morena podría afectar el flujo de inversiones, lo cual quizá conllevaría una baja en la calificación crediticia  de México.

Si bien hay factores político-electorales que influirán en el tipo de cambio, como los actores y sucesos que jueguen en las distintas etapas del ciclo electoral, hay importantes variables económicas y sociales, nacionales e internacionales, que también deberán observarse. Otras fuerzas pueden jugar a favor y en contra, como los resultados de la renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), la retórica del presidente Trump y posibles aspectos geopolíticos, como acciones de Corea del Norte, isis y demás

* Maestra en Política Comparada y maestro en Finanzas, respectivamente.
1 BIS triennial survey, tomando en cuenta promedios diarios para abril de 2013.
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