Jueves 23 de noviembre de 2017 10:37 am
NOTA DE LA SEMANA

Ellas y ellos, cuanto votan

Roberto Heycher Cardiel S. y Francisco J. Morales C.*

En las últimas décadas, en diferentes países la participación electoral por sexo muestra una mayor votación femenina que la masculina; sin embargo, se carece de estadísticas oficiales que reporten este hallazgo (hacen falta registros censales de la participación electoral que incluyan variables sociodemográficas) y es común que en la investigación electoral se utilicen encuestas para subsanar este déficit de información. El problema con las encuestas, como veremos más adelante, es que sobrestiman o subestiman los niveles de participación electoral y, en este sentido, vale la pena ser cuidadosos.1

En México el análisis de la participación electoral por sexo basado en las encuestas tiende a subestimar la participación de la mujer. Ante la pregunta ¿Usted vota en elecciones nacionales? (u otras preguntas similares), los resultados indican una menor participación electoral de las mujeres en comparación con la de los hombres.2 Al analizar los datos del registro censal de la participación de aquellas personas de la lista nominal que asistieron a votar,3 podemos afirmar que la participación electoral femenina supera los niveles de participación masculina en nuestro país.

El propósito de este artículo es identificar las diferencias de la participación por sexo a partir de los registros censales de las elecciones federales llevadas a cabo en 2009 y 2015. El análisis tiene como fuente los Estudios censales de participación ciudadana en las elecciones federales legislativas del 2009 y 2015 (IFE-INE). La investigación se concentra en tres aspectos: (i) identificar la brecha de la participación electoral entre mujeres y hombres; (ii) medir los cambios en los niveles de participación por sexo y edad; y (iii) revisar los niveles de participación de mujeres y hombres cuando agregamos las variables edad y tipo de localidad.

Con base en los datos buscaremos indagar y dar respuesta a preguntas como ¿quién vota más, mujeres u hombres? ¿Qué tan grande es la brecha en los niveles de votación cuando incluimos variables como sexo, edad y tipo de zona en donde se vota? ¿De un proceso a otro la tendencia en los niveles de votación por sexo y edad se mantiene, disminuye o se incrementa? Y finalmente, a partir del análisis de la tendencia en los niveles de votación, ¿es posible identificar quiénes definirán la elección de los próximos comicios?

Niveles de participación en 2009 y 2015

La participación nacional electoral en el proceso electoral federal de 2009 fue 44 por ciento y en 2015, 47 por ciento. Si bien los niveles de votación de mujeres y hombres aumentaron de 2009 a 2015, un análisis de la participación por sexo muestra una brecha significativa entre las mujeres y los hombres: ellos votan por debajo de la media nacional (40 por ciento en 2009 y 43 por ciento en 2015) y ellas, por arriba (47 por ciento en 2009 y 51 por ciento en 2015). Asimismo, de una elección a otra la diferencia entre sexos es ascendente: la brecha entre mujeres y hombres en 2009 fue de casi siete puntos y en 2015, de aproximadamente ocho puntos (Gráfica 1).

Edad y participación electoral

Sin importar su sexo, los electores entre 40 y 79 años son los que más votan en comparación con los jóvenes (de 20 a 29 años) y con los electores mayores de 80 años, grupos de edad con menor participación electoral. En particular, los jóvenes de 20 a 29 años han mantenido un nivel bajo de participación, que tuvo cambios poco significativos de un proceso electoral a otro: en 2009 alcanzó apenas el 35 por ciento y en 2015 aumentó tan solo un punto (36 por ciento). Por su parte, las personas de 80 años y más tuvieron un aumento significativo de un periodo a otro: en 2009 su participación fue 32 por ciento, mientras que en el proceso electoral de 2015 su nivel de votación creció casi en diez puntos (41 por ciento). (Gráfica 2.)

Con base en los datos de los Estudios censales de 2009 y 2015, se ha identificado que las mujeres votan más que los hombres y que quienes menos votaron fueron los jóvenes (de 20 a 29 años de edad) en las elecciones federales de 2009 y 2015. Sin embargo, la diferencia en los niveles de participación entre mujeres y hombres no es uniforme en los diferentes grupos etarios. El análisis permite concluir que existen tres rangos de edad en que la variable sexo tiene un comportamiento diferente en las tasas de participación:

  • En primer lugar, en el segmento juvenil la brecha de participación entre hombres y mujeres es grande; ellas son las que más votan, con una diferencia cercana a los diez puntos en ambos procesos electorales. En 2009, las mujeres de 20 a 29 años participaron en 40 por ciento y los hombres en este mismo grupo de edad, en 30 por ciento. La brecha nacional sin incluir la variable de la edad entre ambos sexos fue cercana a siete puntos. En las elecciones de 2015 la brecha entre las mujeres jóvenes y los hombres jóvenes fue de nueve puntos, casi un punto mayor a la diferencia nacional entre sexos en ese año.
  • Segundo, la participación electoral femenina es mayor que la de los hombres hasta el rango de edad de los 50 a 59 años; después, conforme aumenta la edad se reduce la brecha en los niveles de participación entre ambos sexos. En el grupo etario de 60 a 69 años los niveles de participación electoral de ambos sexos son similares. En 2009, la variación fue poco significativa: las mujeres votaron en 57 por ciento y los hombres, en 58 por ciento; lo mismo sucedió en las elecciones de 2015, cuando votó el 63 por ciento de las mujeres y 61 por ciento de los hombres.
  • Finalmente, a partir de los 70 años de edad la tendencia en los niveles de participación electoral femenina cambia. Los hombres votan más que las mujeres e incluso aumentan su nivel de votación conforme aumenta su edad; de hecho, en 2015 en el segmento de 80 y más años la brecha a favor de los hombres es de nueve puntos, pues votó 37 por ciento de las mujeres y 46 por ciento de los hombres. (Gráficas 3 y 4.)

Votación por sexo, edad y tipo de sección

La participación por tipo de sección en ambos procesos electorales, de 2009 y 2015, es mayor en las secciones rurales, le siguen las mixtas y en las urbanas se da la menor votación. Las mujeres votan más que los hombres en las tres secciones, en particular, es mayor su participación en las zonas rurales, y quienes han votado menos son los hombres de las secciones urbanas, en las dos elecciones analizadas. Así, en 2009 la brecha de participación en las secciones rurales entre mujeres (que votaron en 51.9 por ciento) y hombres (que votaron en 44.1 por ciento) fue de 7.8 puntos; esa diferencia de participación aumentó a 10.3 puntos en 2015 (Gráfica 5).

Al incluir las variables sexo, tipo de sección y edad, se hace evidente la discrepancia en los niveles de participación electoral de las mujeres en función del grupo etario al que pertenecen. Los hallazgos de los Estudios censales de 2009 y 2015 fueron:

  • Las mujeres jóvenes de zonas rurales votaron más que el promedio nacional tanto en 2009 como en 2015. En 2009 las mujeres jóvenes de 20 a 29 años de las secciones rurales votaron en 46 por ciento y los hombres jóvenes de ese mismo sector, 33 por ciento, una distancia entre los sexos de 13 puntos. En 2015, para ese grupo etario y sección rural, la participación de los hombres fue 37 por ciento y la de las mujeres 51 por ciento, es decir, una diferencia de 14 puntos.
  • En el rango de edad entre 60 y 69, independientemente del tipo de sección, los niveles de participación de las mujeres son parecidos a los de los hombres para los dos procesos electorales. De hecho, en 2009 mujeres y hombres de ese grupo etario participaron, ambos, 57 por ciento en las secciones urbanas; en las rurales votó 59 por ciento de las mujeres y 61 por ciento de los hombres. En 2015, tuvieron el mismo porcentaje (67) en las secciones rurales y en las urbanas las mujeres participaron 62 por ciento y los hombres, 60 por ciento.
  • A partir de los 70 años los hombres participaron más que las mujeres en los tres tipos de secciones, en los dos procesos electorales comparados. Las mujeres rurales de 80 y más años, en 2009 votaron en 29 por ciento, en contraste con la proporción de hombres, 38 por ciento; para 2015 las mujeres rurales de ese grupo etario participaron en 36 por ciento y los hombres 47 por ciento, es decir, en nueve y diez puntos, respectivamente, votaron más los hombres de este grupo de edad en las últimas dos elecciones federales para diputados en México.

Consideraciones finales

La creciente desafección de los ciudadanos por la política y las urnas se asocia a la crisis de confianza que ha sufrido la democracia en los últimos años. Estamos viviendo el desencanto con los resultados de la democracia en el mundo, el crecimiento del abstencionismo, la pérdida de afiliados a los partidos políticos, la proliferación de formas de participación ciudadana no electoral, como los “indignados” en España y los “occupiers” en Nueva York, entre otros elementos, que han aumentado el cuestionamiento a la efectividad de la democracia y puesto en entredicho la utilidad de los procesos electorales.4

Ante este contexto, fortalecer y mejorar los sistemas electorales y promover la participación ciudadana se vuelve una labor fundamental; las instituciones democráticas del mundo necesitan reconstruir la confianza de los ciudadanos. Si hay confianza, se participa y se robustecen los instrumentos democráticos como el voto, la asociación, la libertad de expresión y la colaboración; también, se respetan y comparten las reglas de los procesos políticos, y hay posibilidad de que los actores establezcan acuerdos, de modo que se facilita la rotación de las élites sin rupturas y conflictos, garantizando la alternancia del poder pacífica e institucionalizada.

Para ello, es importante tener mejores diagnósticos que permitan entender la participación electoral, diseñar mejores mecanismos para incentivarla y remover barreras que limitan la participación de los ciudadanos en las elecciones. Así, cobra relevancia identificar elementos que expliquen las características de la participación electoral y que analicen sus niveles no solo de manera global, sino en su relación con variables como sexo, edad, educación, ingreso y tipo de localidad.

Si bien de acuerdo con las encuestas de opinión en México los hombres votan en mayor proporción que las mujeres, el análisis a partir del registro censal de la participación electoral en las dos últimas elecciones federales intermedias nos permitió afirmar lo siguiente:

  • Las mujeres votan más que los hombres, sin importar que vivan en secciones urbanas o rurales, con una tendencia ascendente de 2009 a 2015.
  • La diferencia en los niveles de participación entre mujeres y hombres no es uniforme en todos los grupos etarios; particularmente, quienes votan más son las mujeres jóvenes, hasta los 59 años.
  • Las mujeres adultas de 60 a 70 años votan en niveles similares a los hombres, pero a partir de esa edad quienes votan más en México son ellos.

Estos resultados invitan a reflexionar sobre el futuro de la participación electoral y la democracia en nuestro país, así como a identificar líneas de investigación en la materia. Las siguientes son nuestras consideraciones finales:

  • La tendencia ascendente de la participación electoral de las mujeres jóvenes y la mayor proporción poblacional de ellas, las convierten cada vez más en el sector que mayor peso tendrá en la definición de los resultados electorales del país. De los más de 119 millones de habitantes de México, 37 millones tienen de 12 a 29 años de edad, esto es, casi la tercera parte.
  • Las investigaciones sobre la participación política de las mujeres en el mundo se han concentrado en analizar el acceso a los cargos de elección popular, las reformas electorales y las políticas de cuotas de género; la orientación del voto de las mujeres según su identificación con partidos de izquierda o derecha; así como si ellas votan más por mujeres o por hombres. Sin embargo, es necesario profundizar en los factores que las motivan a votar más que los hombres. Asimismo, los resultados nos invitan a investigar las causas de la desafección electoral de los jóvenes, en particular, los hombres. ¿Por qué ellos votan menos? En ambos casos, se requiere explorar si los niveles de participación por sexo en nuestro país tienen relación con variables sociodemográficas, con el contexto político e institucional o acaso con diferencias específicas de estilos o etapas de vida.
  • De acuerdo con el análisis de la participación electoral de la mujer en México, al parecer estamos ante un remplazo generacional que se expresa en las urnas, con una gran brecha sobre todo entre las mujeres jóvenes y las adultas mayores. Esa amplia diferencia de participación entre jóvenes y adultas mayores nos sugiere profundizar en la naturaleza de dicho cambio generacional, medir los cambios sociodemográficos y explicar el contexto histórico-político para tratar de entender el cambio y proyectar el futuro de la participación electoral en el país.
* Respectivamente, director ejecutivo de Capacitación Electoral y Educación Cívica y coordinador de proyecto para estudios de participación, ambos del INE.
1 Por ejemplo, en la elección presidencial de 2012 en Estados Unidos la votación fue cercana a 58 por ciento, mientras que en una encuesta postelectoral (realizada por el American National Election Study) el 85 por ciento de los entrevistados afirmó haber votado (Abrammson, Paul, et al., 2015. Change and continuity in the 2012 elections. Thousand Oaks, California: CQ Press.Sage, págs. 82-84.)
2 Moreno A., Alejandro (2003). El votante mexicano: democracia, actitudes políticas y conducta electoral. México: Fondo de Cultura Económica; Poncela Fernández, A. (2008). “Las mujeres y su relación con la política institucional”, en Sociológica, año 23, núm. 66, enero-abril, págs. 27-70; Abdurashid, Solijonov (2016). Voter turnout trends around the world, Estocolmo: IDEA Internacional.
3 El caso particular de las elecciones federales de 2009, 2012 y 2015 que ha realizado el IFE y posteriormente el INE.
4 Van David, Reybrouck (2017). Contra las elecciones: cómo salvar la democracia. Barcelona: Taurus.