Jueves 23 de noviembre de 2017 10:40 am
NOTA DE LA SEMANA

La paradoja alemana

Omar Cepeda*

Una buena y una mala noticia para Alemania después de las elecciones generales del 24 de septiembre. Por un lado, la canciller Angela Merkel mantiene el liderazgo de la nación en su cuarta elección consecutiva, lo que significa la continuidad de la aplicación de exitosas políticas sociales del país más poblado, rico y de mayor gobernabilidad democrática del viejo continente, desde la caída del muro de Berlín: su economía logró un crecimiento de casi dos por ciento del pib y un superávit público de 0.6 por ciento en 2016; el desempleo está en su nivel más bajo desde 1991 y el juvenil es el menor de Europa, además es el país que más ha hecho por los refugiados a pesar de las duras críticas enderezadas por sectores radicales, que abrazan el argumento del combate al terrorismo para sellar las fronteras e impedir la llegada de familias extranjeras.

La mala es precisamente que por primera vez se posicionan con fuerza en el Bundestag (cámara baja) los xenófobos y antiinmigrantes del partido Alternativa para Alemania (AfD), lo que ocasiona un preocupante escalofrío en occidente. Este grupo se suma a otras minorías radicales de Europa, que lamentablemente se van haciendo mayorías con cada año electoral. Genera zozobra que en cualquier momento pueda suceder la calamidad vivida en los Estados Unidos, cuando apenas hace un año encumbraron a un presidente bajo este perfil.

Surge la paradoja: cómo teniendo gobiernos bien calificados como el de Barack Obama sucumbe la sociedad a populistas de la talla de Donald Trump Lo mismo se ha visto en Alemania, Francia e Inglaterra en los últimos tiempos, con minorías que se hicieron adultas: la dinastía Le Pen por un lado, los impulsores del Brexit por el otro.

En Alemania, después de tres periodos de Merkel en la Cancillería y de que ha sido artífice de un modelo europeo basado en la estabilidad social, la paz y el equilibrio económico, asoman la cabeza con fuerza los sectores radicales, intolerantes, nacionalistas e ignorantes.

¿A qué circunstancias responden estos hechos?

Alternativa para Alemania se consolida como el segundo grupo de oposición tras el triste desempeño electoral del Partido Socialdemócrata, que encabezó el europeísta Martin Schulz. Este imprevisto en una Alemania supuestamente blindada contra esos grupos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, aparcó con poder desequilibrante con un 12.6 por ciento de los votos obtenidos y presencia en 14 de las 16 cámaras regionales. Su bastión principal es el Este de Alemania, donde su fuerza es contundente.

Ese porcentaje de la votación le otorga 92 escaños en el Bundestag, de un total de 709, nada mal para ser su primera aparición en la escena política.

El partido de Merkel obtuvo 200 congresistas (más 46 de su partido aliado, la Unión Social Cristiana, CSU), pero pierde 65 si se compara con el periodo anterior. Los socialdemócratas de Schulz suman 153 parlamentarios, aunque también pierden 40 lugares respecto a la anterior elección.

Este nuevo mosaico en el Congreso alemán representa un giro sustancial para la toma de decisiones futuras y, sobre todo, para la conformación de una nueva coalición que permita gobernar a Merkel en su próximo mandato. De hecho, ante las elecciones regionales de mediados de octubre, tres semanas después de las generales, se complica la mesa de negociación con otros partidos, ya que Merkel pierde un frente importante, Baja Sajonia, lo que la debilita aún más.

 

Exactamente para un mes después de las elecciones, el 24 de octubre, se convocó al nuevo Parlamento alemán. Ese día se inician las negociaciones para formar la coalición gobernante, y se tendrá hasta el 24 de noviembre para que los inconformes presenten cualquier impugnación de las elecciones. Martin Schulz ya dijo que, a diferencia de hace cuatro años, el spd no acompañará como socio al gobierno de Merkel, al contrario, desde la trinchera opositora con sus 153 parlamentarios buscará ser el contrapeso en las decisiones futuras.

De esta manera, las opciones más viables para conformar el nuevo gobierno, que debe sumar al menos 355 legisladores, podrían ser el CDU/ CSU, más el Partido Democrático Libre (FDP), que alcanzó 10.7 por ciento de la votación, y los Verdes, con el 8.9 por ciento. Entre estos partidos políticos suman al menos 390 escaños, los suficientes para empoderar a Merkel.1 Se dice fácil pero en el fondo son agrupaciones políticas que plantean cosas muy distintas.

Sin embargo, hasta en los extremos hay “moderados”. Si bien el partido ultra nacionalista AfD, que será liderado en el Bundestag por Alice Weidel y Alexander Gauland, ocupará un buen número de escaños y tendrá presencia nacional, desde el día siguiente al que se dieron a conocer los resultados sufrió su primera división interna mayor, cuando su copresidenta, una de sus figuras más prominentes y visibles, decidió separarse mientras daban su primera rueda de prensa. Frauke Petry declaró allí mismo que no había consenso en los contenidos del partido, por lo que se declararía independiente dentro del Parlamento. Weidel la calificó de irresponsable y le exigió abandonar el partido cuanto antes. No solo lo dejó, sino que el 13 de octubre anunció la creación de un nuevo partido político, llamado Azul, que sin lugar a dudas le restará electores a AfD.

Veremos cómo se consolida esta carismática mujer que, desde que despechó a su partido en un teatral abandono, se convirtió en celebridad política. Millones de alemanes la siguen con lupa y miden la fuerza que podría concentrar. Ella se considera una líder anti establishment, término favorito de los huérfanos políticos que se ufanan de ser independientes, aunque una noche antes hayan dormido bajo algunas siglas. Pregona que es “conservadora y liberal”, cumpliendo con la máxima política de que si no convences, entonces confunde. Se desmarca de los partidos políticos al calificarlos de poco creíbles, aunque aun así haya creado el suyo.

Por lo pronto, continuemos con la ya empoderada Alice Weidel, de 38 años y abiertamente declarada homosexual. Su promesa es que, de llegar al poder, sacará a Alemania de la Unión Europea. También buscaría eliminar el euro, porque según sus palabras “hace un enorme daño a Europa” al ser un “riesgo moral”. Además, ofrece modificar el sistema migratorio que ha construido Angela Merkel. De formación empresarial, trabajó en Goldman Sachs y en el Banco de China durante seis años y varias veces se ha identificado con el partido de extrema derecha y fanático de Trump, el francés Frente Nacional.

Para conocer con más detalle a sus compañeros de equipo y ponderar la gravedad del crecimiento de este partido, vale la pena escuchar opiniones nacidas de sus filas, así nos causen enojo e indignación. Dos ejemplos: Björn Höcke, líder del partido en Turingia, afirmó que el monumento en honor a los judíos asesinados en la Segunda Guerra Mundial es una “vergüenza”. Y Alexander Gauland, de 76 años y segundo a bordo del partido, dijo que nadie querría tener como vecino a Jérôme Boateng, el jugador de origen ghanés de la selección alemana, por el color de su piel. Así es… con esas ideas se ha encumbrado el partido.

Otro de los ases de la política alemana que habrá que tener a la vista es el socialdemócrata Martin Schulz. A pesar de su derrota, es un hombre que no se da por vencido. Conocedor como pocos del engranaje e instituciones de la Unión Europea, alcanzó renombre mundial por haber presidido el Parlamento Europeo. Sus cualidades de interlocución, siempre amable y carismática, el manejo de seis idiomas y la capacidad de comunicación con la prensa internacional lo hicieron un interlocutor confiable y accesible, incluso en las peores crisis vividas por la Eurozona. Nació en 1955 y desde 1974 se unió a las filas del Partido Socialdemócrata. Conspicuo lector desde que fue dueño de una librería años antes de meterse en el mundo político, su verdadero sueño frustrado es no haber sido jugador profesional de futbol, deporte que practicó por mucho tiempo, hasta que se lesionó la rodilla. Finalmente se dedicó a la política, donde comenzó su aventura como alcalde de la comuna de Würselen, en Renania del Norte-Westfalia.

En una de sus etapas personales más difíciles, emprendió la batalla contra su alcoholismo, del que finalmente se repuso, algo que sin duda ha jugado a su favor.

Por lo pronto, nos queda esperar más de Angela Merkel, la mujer que con su pragmatismo ha transformado a Alemania y a Europa. La física que vivió bajo el cielo comunista de la rda. La mujer tímida que no busca reinventarse, sino profundizar en la escrupulosidad de sus decisiones, incluso al gesticular y hasta al vestirse. La hija de un pastor luterano que suma dos matrimonios y ningún hijo, una mujer que ha causado admiración durante más de doce años en la Cancillería y que ha sabido adecuarse a los momentos más difíciles de Europa y el mundo, para sacar adelante a su país.

Ahora aparece un nuevo enemigo, hasta hace poco ausente en las prioridades de Merkel, el radicalismo estridente sentado en el Parlamento alemán. Un nuevo reto para la canciller y su futuro proyecto de gobierno.

* Internacionalista
1 Este artículo se terminó de redactar antes del 24 de octubre, por lo que el escenario para formar una nueva coalición de gobierno podría sufrir cambios, aunque la que propongo sería la más probable por las circunstancias y declaraciones.