#OBSERVATORIOREFORMAS

#DemocraciaViva

Septiembre 15, 2021 | Por: Cristhian Uribe Mendoza

El Día Internacional de la Democracia

 El 8 de noviembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 15 de septiembre como el Día Internacional de la Democracia. Los días internacionales son instrumentos adoptados por el Sistema de las Naciones Unidas para promover y sensibilizar al público sobre ciertos temas de interés, movilizar voluntades políticas y gestionar los recursos necesarios para ayudar a resolver problemas mundiales o celebrar los logros de la humanidad. Así, la conmemoración del Día Internacional de la Democracia constituye una valiosa oportunidad para reflexionar sobre el estado actual de la democracia en América Latina y el Caribe.

Tras dieciocho meses del inicio de la pandemia mundial ocasionada por el virus del SARS-CoV-2, muchos analistas coinciden en que América Latina ha sido una de las regiones más afectadas no sólo por la gran cantidad de muertes por COVID-19 registradas en la mayoría de los países, que hasta el momento acumulan más de 1’460.000 defunciones documentadas oficialmente, sino también por sus fuertes impactos sociales, políticos y económicos, los cuales aceleraron el deterioro de las instituciones democráticas y aumentaron la desconfianza ciudadana hacia los gobernantes, el Estado y las instituciones políticas.

La rápida expansión del coronavirus hizo que muchos gobiernos decretaran estrictas medidas de confinamiento para mitigar los efectos del contagio; sin embargo, algunas de estas medidas implicaban fuertes restricciones a las libertades individuales y una creciente presencia militar en los espacios públicos, especialmente en países como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Honduras, República Dominicana y El Salvador, entre otros, donde la policía y las fuerzas militares asumieron el control de las medidas de confinamiento y adelantaron tareas de salud pública, tales como: distribución de alimentos, fabricación de mascarillas, entre otras.

 Pandemia vs. Democracia

 La emergencia sanitaria agudizó los problemas estructurales de pobreza y desigualdad social que han afectado históricamente a la mayoría de los países de la región. La crisis y la mala gestión de la crisis supusieron fuertes oleadas de protestas que tomaron la forma de estallidos sociales en países como Colombia, Chile, Perú o Paraguay, entre otros. Algunas reflejaban tensiones previas como en Perú, donde las manifestaciones se desencadenaron a raíz del proceso de vacancia presidencial contra Martín Vizcarra y culminaron con la renuncia del presidente designado por el Congreso. Otras, como en Paraguay, fueron motivadas por el colapso del sistema sanitario, la crisis económica y las denuncias de corrupción hacia miembros del gobierno. Se cruzó la agenda de la pandemia con la de las reformas económicas y sociales. En Colombia, las protestas se dirigieron contra el paquete de reformas (laboral, pensional y tributaria) propuesto por el gobierno del presidente Iván Duque, quien intentó contener el descontento popular mediante el uso desmedido de la fuerza pública, ocasionando graves violaciones a los derechos humanos.

La pandemia también lesionó a los parlamentos y las elecciones. Por un lado, la mayoría de los congresos tuvieron problemas para sesionar debido a la disminución o congelamiento de la actividad legislativa, favoreciendo la concentración del poder en la figura presidencial y la pérdida de capacidad de control político sobre el Poder Ejecutivo. Las decisiones ejecutivas no fueron consensuadas ni legitimadas por las fuerzas de la oposición.  El cierre de los espacios legislativos afectó el modo en que se legitimaron (o no) esas decisiones. Por otro lado, doce países latinoamericanos tuvieron que posponer -al menos una vez- la fecha de las elecciones nacionales o subnacionales con el fin de evitar las aglomeraciones durante las jornadas de votación, aunque, tal como lo evidencian los análisis del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina (IIJ-UNAM), finalmente pudieron demostrar su capacidad para adaptarse y conseguir los resultados que esperaban para dar cuenta de la salud de las democracias. 

 Desafíos

 La crisis ocasionada por la pandemia del COVID-19 planteó una vez más desafíos muy particulares para el funcionamiento y supervivencia de la democracia. Si bien la celebración periódica de elecciones libres y justas es una condición sine qua non de los regímenes democráticos, la coexistencia de la democracia con altos niveles de pobreza y desigualdad social y económica exige adoptar una concepción democrática mucho más amplia, que incorpore la búsqueda de la igualdad social y política para toda la ciudadanía. Los regímenes democráticos latinoamericanos tienen el desafío de demostrar su capacidad para abordar la crisis social, política y económica, garantizando el Estado de Derecho, la rendición de cuentas, los derechos humanos, las políticas de bienestar, la igualdad de género y la libertad de expresión, entre otras.

La sociedad también tiene el desafío de asumir un rol mucho más activo y crítico en los procesos democráticos. Cuando finalice el ciclo electoral 2021-2024, la mayoría de los países latinoamericanos (salvo Bolivia) habrá celebrado elecciones presidenciales y legislativas. En estos comicios, la ciudadanía tendrá la posibilidad de “resurgir” de los estragos dejados por la pandemia, en la que varios países experimentaron giros hacia el autoritarismo y la polarización extrema. Por consiguiente, el nuevo ciclo electoral requiere de una ciudadanía activa con capacidad de deliberar, exigir cuentas y proponer iniciativas de base para avanzar hacia una sociedad mucho más justa e incluyente, defendiendo los principios y valores democráticos.

Dado que urge repensar el modo en que funciona la democracia, diversas organizaciones sociales, colectivos y referentes latinoamericanos se encuentran impulsando un Nuevo Acuerdo Democrático (NAD) a través de la plataforma #DemocraciaViva. El NAD contiene 21 propuestas elaboradas colectivamente para fortalecer la democracia en la región, las cuales han sido agrupadas en cinco líneas de acción: 1) Paridad transversal, horizontal y vertical; 2) acceso a derechos, respeto a las libertades y participación efectiva; 3) ingreso universal y recuperación económica; 4) protección del medio ambiente y de los recursos naturales; y, finalmente, 5) cooperación regional.

La idea es que la democracia se renueve y que se discuta de manera plural y diversa nuevas acciones, estrategias y políticas, donde mucha gente participe e intercambie de manera horizontal y colaborativa sus maneras de repensar la democracia. De eso se trata #DemocraciaViva, de generar una gran conversación ciudadana durante al menos una semana a través de las redes sociales para celebrar el Día Internacional de la Democracia.

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