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La corrupción en el INE

Parafraseando la expresión romana, la consejera presidenta del INE no solo debe ser honesta, también debe parecerlo.

Las investigaciones publicadas en sucesivas ediciones del diario Reforma dan cuenta de una trama de corrupción de la que forma parte principal la consejera presidenta del INE y algunos de sus colaboradores. De manera breve: lo que está a la vista es el otorgamiento de contratos para compra de materiales electorales, decididos por favoritismo hacia un grupo de empresas, encabezadas por un hombre con el que la citada servidora pública mantiene relaciones que trascienden lo institucional.

Cito lo publicado en el mencionado diario:

“La presidenta del INE, Guadalupe Taddei, ha mantenido una estrecha relación, más allá de lo institucional, con el proveedor del organismo José Alfredo Hernández Casillas, empresario que la UIF indaga por prácticas fraudulentas.” Video y fotografías de fiestas compartidas por ambos personajes dan cuenta de esa relación entre la funcionaria y el proveedor de materiales para casillas. (Nota de Erika Hernández, Reforma, primera plana, 22.10.26).

A lo anterior se agregan las pruebas exhibidas por el mismo diario sobre la contratación de dos personas, con supuestas tareas de chofer, al servicio directo de la consejera presidenta, quienes además de su irregular situación laboral en el INE, tenían relación directa con las empresas proveedoras de las que es socio o dueño el amigo personal de la consejera presidenta. Dar como explicación que “ya no trabajan aquí” es una tomadura de pelo.

No recuerdo una situación como la que hoy vemos en la máxima autoridad electoral de México. Desde que la reforma de 1996 le otorgó autonomía al IFE, antes que Guadalupe Taddei presidieron el Instituto, hoy INE, cuatro ciudadanos. Todos ellos fueron electos por mayoría calificada en la Cámara de Diputados. A los cuatro se les dirigieron críticas y hasta reclamos por su actuación, pero nunca se puso en cuestionamiento su honorabilidad por manejos presupuestales.

La actual consejera presidenta del INE debe su llegada al cargo a la diosa fortuna, a la trama urdida por el entonces secretario de Gobernación, para imponer la tómbola en ese proceso de renovación de consejerías y, no menos importante, al respaldo de su jefe y asesor político, el gobernador de Sonora, cuya elección, en 2021, fue organizada por el OPLE que presidía la señora Guadalupe Taddei.

 

Los posibles actos de corrupción de la consejera presidenta son la cereza de un pastel que ella misma ha venido horneando desde su llegada al INE, al poner su cargo al servicio del gobierno y el partido oficial, cuyos legisladores le entregaron inconstitucionales facultades para designar de manera unipersonal, discrecional, a los integrantes de la Junta General Ejecutiva, con los resultados de inestabilidad, ineptitud y desorden que caracterizan su gestión

No es casualidad que, desde la llegada de la señora Taddei al INE, por la Secretaría Ejecutiva, cabeza del aparato administrativo electoral, han pasado 5 encargados de despacho. La única titular que obtuvo los votos para ocupar ese cargo renunció el día anterior al de inicio del proceso electoral en curso, con el pretexto de su condición de salud. No había tal, lo que ha quedado plenamente acreditado por la propia renunciante.

De la información e imágenes contenidas en los reportajes del diario Reforma y de su cotejo contra la información de proveeduría de materiales electorales a varios OPLES, entre ellos el de Sonora, se desprende la posible existencia de una extensa red de complicidades para favorecer a las empresas mencionadas en la investigación periodística. Hay información de varias fuentes que vincula al menos a un consejero electoral en esa trama de posible corrupción.

Ante las pruebas en su contra, la consejera presidenta respondió -el miércoles 21 por la tarde- con un monologo ante la fuente de prensa del INE, sin permitir una sola pregunta. Como es la pauta en el régimen del que forma parte acusó de una supuesta campaña para “desestabilizar” al INE. Solo le faltó decir “el INE soy yo”. El jueves, en la sesión del Consejo General, repitió el discurso.

Ante sus dichos, cabe responder que quien ha deteriorado la confianza ciudadana en el INE es Guadalupe Taddei y el grupo de consejeros electorales, afines al gobierno y su partido, que la cobijan y respaldan. De los actos de corrupción exhibidos al público hay pruebas, no refutadas, que están a la vista. No pueden ser desmentidos con monólogos ante el espejo.

Las condiciones en que se desarrollará el proceso electoral 2026-2027 son peores que las que vimos en 1987. En aquel año el PRI obtuvo el control directo de la Comisión Federal Electoral mediante una reforma legal que le otorgó mayoría de votos. Hoy el gobierno y Morena esconden su control del INE con los votos de la consejera presidenta y los consejeros electorales que forman parte del bloque oficialista en el Consejo General, en el que tienen mayoría. Como la tienen en la Sala Superior del TEPJF, que sigue incompleta.

Será la participación ciudadana, antes, en y después de la jornada electoral del primer domingo de junio de 2027, el arma para preservar la democracia y, pasada la elección, reconstruir la confianza en el INE y el TEPJF, destruida por quienes no saben ni quieren respetar las instituciones.  


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Jorge Alcocer V.

Director fundador de Voz y Voto.


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