La política migratoria como violencia de Estado
La migra (Immigration and Customs Enforcement, ICE por sus siglas en inglés) y otros agentes federales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se han convertido en fuerzas paramilitares en ambos sentidos de la palabra: 1) Están usando uniformes, armas, comunicaciones y Humvees como los que usan las fuerzas militares estadounidenses. Patrullan las calles en convoyes y en formaciones, como si estuvieran en territorio enemigo ocupado. Su presupuesto es mayor que el de muchos ejércitos del mundo. Las agencias a cargo de sellar la frontera y deportar a la gente sin estatus migratorio al día tienen más recursos que la CIA, el FBI y la DEA. 2) En varias elecciones presidenciales recientes, el sindicato de trabajadores de la Patrulla Fronteriza ha respaldado a Donald Trump. La mayoría de sus miembros han declarado públicamente haber votado por los republicanos durante muchos años. Muchos líderes locales de ICE y de la Patrulla Fronteriza hablaban abiertamente a los medios en contra de directivas que salían de la Casa Blanca y del DHS de los presidentes Barack Obama y Joe Biden, incluso desobedeciendo prioridades y directivas administrativas; es decir, son abiertamente partidistas.
Con las muchas contrataciones rápidas que ICE ha hecho y va a hacer, están buscando gente con afinidad por las ideas de la extrema derecha. Hay varios reportes que dicen que miembros de los Proud Boys y grupos similares, así como personas que atacaron el Capitolio el 6 de enero de 2021, han sido contratados como agentes de ICE. Es decir, políticamente, ICE está muy cercano a Trump, al movimiento MAGA y a la ideología blanca, nacionalista y cristiana.
Declaraciones del presidente Donald Trump, el vicepresidente J.D. Vance y la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem han dado respaldo e inmunidad de facto a miembros de ICE y CBP que han hecho uso de la violencia física, incluso a los agentes que mataron a Renee Good y a Alex Pretti en Minneapolis, Minnesota, y a los que han disparado a civiles. Todo esto significa que esta es una fuerza armada, con permiso para usar la fuerza, gases e intimidación, y para hacer arrestos a su criterio. No tienen el entrenamiento, la cadena de mando ni el juramento que tienen los miembros de las fuerzas armadas. No trabajan por la seguridad nacional sino bajo las órdenes de oficinas del Poder Ejecutivo. Están siendo usadas como fuerzas de choque y provocación contra ciudades con alcaldes demócratas, la mayoría de ellos afroamericanos. Es difícil saber si hay voluntarios y entusiastas voluntarios entre sus filas en operaciones específicas, porque tienen las caras cubiertas; no tienen nombres ni números que los identifiquen en sus uniformes, ni llevan identidades o placas colgadas como otras fuerzas policiacas y de seguridad.
La inercia y la fortaleza de las instituciones
ICE no es exactamente como las fuerzas populares que constituían el Fascio en la Italia de Mussolini y que forzaban la complicidad y la aceptación de sus vecinos y atacaban a los enemigos políticos de la izquierda socialista, ni son exactamente como las camisas cafés de Hitler, que eran fuerzas paramilitares de choque que respondían directamente a él. Los miembros de ICE son trabajadores federales que dependen de los presupuestos aprobados por el Congreso que, incluso, ha frenado el nuevo presupuesto de todo el DHS. Estos agentes también podrían ser investigados por policías y tribunales locales por incumplir ciertas leyes. Las cortes podrían declarar inconstitucionales o ilegales algunas de sus prácticas y limitarlas. Estos últimos puntos sobre cómo los otros dos poderes pueden contrarrestar al Ejecutivo aún están por verse. Por lo pronto, la prensa libre, el cuarto poder, ha iluminado los excesos de ICE, CBP, etcétera. Y, sobre todo, las manifestaciones pacíficas y masivas demuestran lo que dicen las encuestas: que la gran mayoría del pueblo estadounidense está en contra de Trump y de esta agenda antiinmigrante y autoritaria.
Tema ideológico
En su retórica, Trump ataca a ciudades y estados con gobiernos demócratas, como Minneapolis, en Minnesota, donde justifica sus acciones supuestamente defendiendo al estado de la numerosa comunidad somalí (“basura, gente sin inteligencia”), a pesar de que solo unos pocos miembros han estado involucrados en un caso local de corrupción.
Trump y su equipo de migración creen que las operaciones masivas hechas para la televisión fortalecen su imagen de salvador y hombre duro, pero eso no está sucediendo más allá de sus ya simpatizantes duros. El arquitecto de la política de caza de inmigrantes, Stephen Miller, la definió como “una lucha por salvar la civilización,” dándole un marco ideológico que aún entusiasma a la base de Trump, pero que está empezando a distanciar a los republicanos moderados y a ahuyentar a los votantes hispanos. Por ejemplo, nunca antes tantos cubanos, que habían sido tan bien recibidos en estados como Florida, incluso disfrutando de la condición de exiliados, habían sido devueltos a la isla de la que escaparon para huir del régimen castrista, que, irónicamente, Estados Unidos condena. Esas deportaciones llevan a algunos cubanoamericanos conservadores a cuestionar su estatus privilegiado y excepcional como comunidad, hasta hace poco, en materia de protección contra la deportación.
“Terroristas domésticos”
Los expertos en extremismo político violento han demostrado por años que la principal amenaza para la paz y la seguridad dentro de Estados Unidos son los terroristas domésticos de extrema derecha.
La mayoría de la población no ha encontrado creíbles los argumentos de que Good, Pretti o alguien más, manifestándose por los derechos humanos de los inmigrantes, sea terrorista doméstico. Los videos muestran claramente que Good y Pretti estaban participando en la larga tradición de protesta pacífica y desobediencia civil, y usando su Primera Enmienda —al derecho de libertad de expresión— para demostrar su descontento de manera abierta y coloquial, incluso cuando poco diplomática.
Trump habla de Antifa (grupo antifascista) como un grupo centralizado, masivo y organizado a nivel nacional pero no hay evidencia de que esto exista de esa manera. En realidad, grupos de vecinos, grupos de padres, miembros de iglesias, clubes deportivos y sociales, así como voluntarios, se organizan de forma orgánica para documentar con sus teléfonos móviles cuando las bandas de ICE y CBP aparecen en su vecindario y avisan a otros con silbatos, mensajes electrónicos, chats, etcétera. Además, hay boicots, campañas de presión, llamadas a congresistas.
Operaciones de deportaciones masivas y las elecciones de medio término
Los candidatos demócratas en campaña se van a concentrar en cómo Trump permitió que subieran los costos de los seguros médicos, en cómo la situación económica de las familias promedio sigue siendo difícil, y en los excesos de ICE y en la política migratoria. Va a ser difícil política y lógicamente, para los candidatos republicanos, distanciarse de Trump y de esta agenda.
Aunque el apoyo a las políticas sigue siendo alto entre los republicanos, hoy menos gente se identifica como republicana que en el 2024. La mayoría de los independientes y algunos demócratas que pudieron haber votado por Trump han perdido toda la fe en él y ahora entienden bien a qué se refería al hablar de llevar a cabo deportaciones masivas y “limpiar” el país.
La movilización práctica y continua que hemos visto para ayudar a posibles blancos de Trump, la cobertura del tema, las protestas masivas contra ICE y No Kings, y las encuestas, pintan una gran derrota para los candidatos republicanos a nivel nacional en elecciones libres y transparentes. Existe la tentación de recurrir al ICE y al Departamento de Justicia para evitar supuestos “fraudes” en elecciones que Trump y los republicanos perderían. Es decir, cometer fraude electoral con el falso argumento de un fraude electoral. Eso sería ir un paso más allá de las normas democráticas, pero Trump sigue obsesionado con la Gran Mentira y se sigue negando a reconocer que perdió la elección del 2020, no muestra ninguna contrición por el intento de autogolpe por demanda popular del 6 de enero del 2021 y sigue jugando con la idea de volver a ser candidato presidencial o incluso no tener elecciones, pero una cosa son los deseos y caprichos de Trump y sus habilitadores y operadores y otra cosa las instituciones que siguen en pie y los deseos de un pueblo activo y atento.
La participación ciudadana en la política y en la discusión de políticas públicas, más allá de las elecciones, así como la aplicación de los derechos constitucionales a todos los ciudadanos de Estados Unidos (independientemente de su raza, etnia, religión, apariencia, género o lugar de nacimiento), impulsa la práctica democrática. Por lo tanto, si sobrevive, la democracia estadounidense podría ser más fuerte en el otro extremo.
