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La presidenta no tiene quien le escriba

Se rumora que, emulando a su inmediato antecesor, el 5 de febrero próximo la presidenta de México entregará a la Cámara de Diputados las propuestas de reforma electoral. En un día como ese, de 2024, el tabasqueño envió al Congreso la catarata de cambios que, en menos de un año, deformó nuestra Constitución a extremos insospechados.

Los dos asuntos cruciales, que hasta hoy siguen en veremos, son el dinero para los partidos políticos, al que me referí en este espacio la semana pasada, y la integración de las cámaras del Congreso de la Unión. O sea, el sistema electoral. A eso me refiero a continuación.

En sentido lato, el sistema electoral es la forma (método) en como los votos se convierten en curules o escaños. “Dos son los modelos tradicionales de s. electorales: el mayoritario y el proporcional; de todos los otros constituyen ni más ni menos que modificaciones o perfeccionamientos de éstos.” (p.1477; Bobbio et al, Diccionario de Política. Siglo XXI, Editores, México).

Para la Cámara de Diputados el sistema electoral mexicano es mixto, con dominante mayoritaria. 300 diputados son electos por mayoría relativa en igual número de distritos uninominales y 200 en 5 regiones territoriales, de 40 curules cada una, que se distribuyen por el método de cociente natural y resto mayor. El elector recibe una sola boleta. Por regla constitucional ningún partido (o alianza de partidos) puede tener una diferencia entre su porcentaje de votos y el de curules, respecto del total de la Cámara, mayor a 8 puntos porcentuales. El número máximo de curules que un partido, o coalición, puede obtener es de 300.

En el Senado, con 128 escaños, el sistema electoral es también mixto, pero con tres métodos: 64 escaños de mayoría relativa, 2 por estado. Al partido -o coalición, que obtiene mayoría, se le asignan los 2 escaños. Hay 32 escaños de primera minoría, 1 por cada estado, que se asigna al partido -o coalición, que obtenga el segundo lugar en votos en cada estado.  Hay otros 32 escaños plurinominales, con candidatos postulados en lista nacional, que se distribuyen por cociente natural y resto mayor. Para el Senado no existen límites de sobrerrepresentación ni máximo de escaños para un mismo partido o coalición. Al igual que para elegir diputados, en el caso del Senado el elector recibe una sola boleta.

El número actual de diputados (500) se aprobó en 1986. Los límites a la sobrerrepresentación y al número máximo de curules por partido -o coalición, se aprobaron en 1996. Hasta 2018 las reglas de asignación y los límites fueron respetados. Es cierto que desde las elecciones de 2012 el PRI y el PVEM encontraron la manera de eludir los límites a la sobrerrepresentación, pero el efecto fue marginal. Fue con Morena, a partir de 2018 que estalló el fraude a la ley.

El problema se empieza a dar  con las coaliciones encabezadas por Morena, que por convenio transfiere victorias distritales a sus aliados y luego todos toman plurinominales. El clímax de ese engaño se alcanzó en 2024, cuando Morena y aliados recibieron un beneficio que violó por partida doble la Constitución. Violó el límite de 300 diputados que un partido o coalición puede obtener, y violó el porcentaje máximo de sobrerrepresentación, al otorgarles 19 puntos porcentuales, 11 por arriba de lo que dicta el artículo 54 de la Carta Magna.

A quienes argumentan que en la Constitución tales límites se refieren a partidos en lo individual y no a las coaliciones, les digo que ese argumento es por completo falaz. Remito a mi texto en el libro que publicó el IIJ/UNAM, “La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión”.

En 2023 López Obrador propuso que en la Cámara de Diputados se implantara un sistema electoral proporcional. O sea que los 500 diputados fueran plurinominales. Un año después propuso eliminar los 200 plurinominales y dejar los 300 de mayoría relativa. Su sucesora ha hablado de eliminar los plurinominales y pasar a un sistema de 300 de mayoría y 200 de primera minoría. Otras veces habla de 100 de primera minoría y otras de algo parecido al sistema utilizado para el Congreso de la CDMX. Para el Senado, López Obrador propuso volver a 64, dos por estado, todos de mayoría relativa. Su heredera habla de suprimir los 32 escaños plurinominales. La duda sobre lo que realmente quiere proponer es grande. Parece que la presidenta no tiene quien le escriba, ni quien le explique.

Hasta 2015 nuestro sistema electoral había funcionado adecuadamente, permitiendo una aceptable correspondencia entre votos, curules y escaños, sin obstaculizar las alianzas legislativas para conformar mayorías que hicieron posible múltiples reformas constitucionales de gran transcendencia. El sistema electoral fue parte de los pesos y contrapesos que se construyeron a lo largo de varias décadas para desmontar el autoritarismo presidencialista y transitar a la democracia. Eso es lo que se fracturó en 2024 y en este año podría ser demolido para acelerar el paso de la democracia al autoritarismo.

Es mi opinión que la única reforma que requiere el sistema electoral mexicano -en su sentido lato- es para recuperar la vigencia de los límites establecidos en el artículo 54 de la Constitución, haciendo explícito que son aplicables tanto a los partidos en lo individual como a las coaliciones. Esa es la reforma que resulta necesaria para evitar que en 2027 y 2030 vuelva a ocurrir el asalto que vimos en 2024. Que no por haber sido aprobado por el INE y el TEPJF deja de ser un asalto. Una grosera violación constitucional.

Posdata: La revista Voz y Voto llega en febrero a su 33 aniversario. Su directora, Gloria Alcocer Olmos, nos anuncia su conversión, en marzo de este año, en revista solamente digital. De Gutemberg a Zuckerberg. ¡Éxito!

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Jorge Alcocer V.

Director fundador de Voz y Voto.


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