Crónica de una cobertura especializada

En un entorno donde la desinformación circula con rapidez y los procesos electorales son aún más cuestionados, el periodismo especializado en esta materia se vuelve parte esencial de la democracia: su función no solo radica en acercar a la ciudadanía con sus futuros gobernantes, sino traducir las reglas constitucionales que deben cumplir para acceder a esos puestos. La cobertura, entonces, no inicia el mismo día de una elección o de una campaña proselitista, nace meses antes cuando las autoridades electorales como el Instituto Nacional Electoral (INE) o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) desarrollan las condiciones de los procesos electorales bajo un lenguaje técnico y, muchas veces confuso para la población.

El trabajo periodístico consiste en explicar qué significan acuerdos y cómo afectan a la contienda, cuáles son las implicaciones políticas y legales; es hacer que la información sea comprensible. Sin el paso interpretativo —mas no tendencioso— las elecciones quedarían solo en los números o versiones interesadas, tampoco se limita a registrar declaraciones, asistir a conferencias de los propios órganos electorales o asistir a eventos de campaña. La importancia del periodista electoral radica en ofrecer el contexto en al menos tres dimensiones: el seguimiento institucional, la observación política y la dinámica interna de las redacciones.

Desde la experiencia diaria este reto no es menor, es exigente y constante porque implica combinar la investigación, la verificación y el seguimiento. Cada palabra cuenta cuando se informa sobre candidaturas, fiscalizaciones, resultados preliminares, denuncias o impugnaciones. Un dato impreciso puede alentar a la desinformación, un encabezado fuera de contexto puede polarizar aún más el ambiente político. A esto se suma lo amplio que significa cubrir esta fuente que va desde los cientos de documentos técnicos con diversos temas (fiscalización, violencia de género, reglas de participación) hasta las sesiones extensas, debates políticos que pueden modificar las candidaturas o alterar el rumbo de una elección. Es una fuente de tiempos largos y cierres abruptos.

Una votación en el Consejo General del INE podría parecer —en lo público— un solo trámite normativo, pero detrás de ello existen negociaciones, interpretaciones y tensiones políticas y es justo en este punto donde quien reportea tiene el reto no solo de traducir tecnicismos sino explicitar el porqué de las conclusiones a las que se llegaron. Un buen ejemplo de negociación técnica y política cubierta desde un enfoque periodístico electoral fue el de la paridad y las acciones afirmativas. Cuando el INE emitió los lineamientos para garantizar que mujeres y grupos históricamente excluidos llegaran a candidaturas o puestos de poder, el debate incluyó la interpretación constitucional y partidista.

El INE, con una postura normativa sobre los principios de paridad y la revisión de precedentes por parte del TEPJF fundamentó una parte técnica, mientras que los partidos argumentaban desde la política, a partir de la afectación a sus estrategias electorales y de si las instituciones se excedían en sus facultades por poner en escrito las reglas de paridad. Otro caso ilustrativo es la fiscalización y la cancelación de candidaturas. Desde lo técnico se narran auditorías, plazos, criterios y montos ejercidos; en lo político, las acusaciones de parcialidad e impactos en la competencia. Y aquí uno de los más notorios: la cancelación de las candidaturas de Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón.

En el periodismo electoral, cubrir ambos casos no solo es dar a conocer la resolución, implica explicar el porqué de la sanción, qué criterios fueron utilizados, qué impacto tuvo sobre la competencia electoral y ofrecerle a la ciudadanía una explicación lógica de este tipo de decisiones.

 

Aprendizaje contra inmediatez

 

El periodista electoral no es abogado y, sin embargo, debe comprender procesos legales complejos, reformas recientes y cambios a la normativa que afectan la competencia política. Es un aprendizaje continuo y pocas veces coincidente con los tiempos de los medios de comunicación que toma como uno de sus propósitos el ser inmediato. Como coinciden algunos colegas, incluso quienes llevan años en esta cobertura, al inicio todo resulta ser incomprensible —en mi caso no fue la excepción, aún recuerdo no haber entendido nada la primera vez que acudí a una sesión del Consejo General del INE—. La capacitación no es opcional, es supervivencia profesional. Cada elección conlleva reglas nuevas. Un caso reciente fue la elección de las personas juzgadoras en el que fue necesario aprender todo el proceso desde cero (desde la reforma judicial), es decir: número de candidaturas, reglas de paridad y fiscalización, lapsos de campaña y los efectos de cada una de las resoluciones, efectos que iban cambiando constantemente e implicaban el reto de la inmediatez.

Las redacciones demandan resultados confiables, compresibles y prontos mientras se adquiere el conocimiento técnico en una fuente altamente especializada. No solo es escuchar, la doble labor requiere de paciencia y práctica constante. Una anécdota personal que ejemplifica estos contrastes fue la primera votación que escuché en la Comisión de Quejas y Denuncias, cuando esta analizaba un Procedimiento Especial Sancionador relacionado a violencia política de género. Durante la sesión había términos específicos como “medidas cautelares”, “hechos futuros de realización incierta”, “actos consumados de modo irreparable”. Un lenguaje poco claro que me obligó no solo a buscar ayuda digital, sino de mis compañeros de la fuente. Aquí el rol periodístico: el público no conoce estos términos y si uno tampoco lo entiende, finalmente no se logra el objetivo de informar. Este reto se intensifica con la presión de las redacciones que buscan la información accesible, pero que nace desde un laberinto legal.

 

La perspectiva de género

 

Históricamente, la política ha sido un espacio masculinizado y, aunque la perspectiva de género es hoy un principio constitucional, las condiciones reales no siempre son equivalentes; las brechas en exposición mediática varias veces caen en tal violencia política de género. Desde la cobertura particular, involucra contextualizar, entender que no todas las agresiones son evidentes y existen aspectos personales que son totalmente irrelevantes cuando de política se habla. Varios colegas coinciden en que, en la práctica diaria, el enfoque tiene resistencias incluso editoriales.

Explico: los temas vinculados a violencia política de género o desigualdad no se consideran prioritarios hasta que el conflicto escala o se vuelve tendencia. La tensión de estos temas no es menor, pues se mueven en un contexto altamente politizado cuya interpretación puede caer en un posicionamiento. Es por ello que, en ocasiones, la cobertura sobre este tipo de temas debe defenderse desde lo interno: si se ignoran desigualdades estructurales o la violencia se normaliza, se ofrece al público una versión incompleta de la contienda.

 

Desafíos

 

El periodismo electoral es desafiante y exigente. No solo busca permitir que la ciudadanía conozca y ejerza su derecho al voto, sino abona a la confianza hacia a las instituciones o vigila su actuar para que la democracia funcione de una forma más transparente y justa. No solo implica narrar quién gana o pierde, sino contextualizar la competencia política con equilibrio constante entre la comprensión, la claridad y el rigor, mientras se enfrenta a desafíos internos como la llegada de funcionarios con poca experiencia en esta materia, en órganos que requieren de la mayor neutralidad y precisión.

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Andrea Meraz

Periodista en Radio Fórmula.

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