Segundo Informe
Reducido desde hace años a la calidad de mamotreto digital, que se entrega por mensajero, el informe anual que por mandato de la Constitución debe presentar ante el Congreso de la Unión el titular de Ejecutivo Federal sobre el estado que guarda la Administración Pública Federal llegará a San Lázaro en la tarde del lunes 1º de septiembre.
Y, sin embargo, el informe debiera merecer una atención mayor a la que se le asigna en la glosa que ambas cámaras realizan de forma ritual, o por el discurso de autoelogios que cada año escuchamos desde Palacio Nacional o el Zócalo capitalino. En espera de conocer el segundo informe de la presidenta Sheinbaum comparto un breve balance en los tres ámbitos en que era tradición agrupar las acciones de un gobierno.
Política Exterior.
El hecho relevante en el año que comprende el segundo informe fue la salida del primer secretario del ramo, a quien se consideraba un personaje muy cercano a la presidenta. Lo demás ha sido la resistencia y paciencia ante los embates del inquilino de la Casa Blanca. La política del gobierno mexicano frente a Washington está anclada en una sola palabra “soberanía”. México está ausente de los foros internacionales y su presencia en los organismos multilaterales es de pena ajena, como ejemplo valga recordar la reciente abstención del embajador mexicano ante la OEA en la condena a la dictadura de Daniel Ortega y esposa en Nicaragua. El deterioro del servicio exterior mexicano, antes motivo de orgullo por nuestra presencia en el mundo, continúa sin parar; algo inevitable mientras continúan los nombramientos de amigos del señor de Palenque para ocupar embajadas y consulados.
Política Interior.
Evaluar lo que no existe es algo imposible. Ni hay política interior, ni hay Secretaría de Gobernación. El balance resumido de ese ámbito del quehacer gubernamental es reconocer que siempre puede haber algo peor. Todo apunta a que la presidenta no tiene respeto por la inquilina de Bucareli, pero no puede removerla sin el VoBo de quien la impuso. En esa situación, la relación entre el Ejecutivo federal y los poderes Legislativo y Judicial, que debe atenderse desde Gobernación, es un batidillo de malos entendidos, desconfianzas mutuas y resultados deplorables.
A los gobernadores ni los ven ni los oyen, salvo el de Sinaloa. Son personal de acompañamiento en las giras de fin de semana de la presidenta y señores feudales en sus territorios. Los crímenes y pecados de los gobernadores alimentan las páginas de los diarios, mientras que en el ámbito municipal las operaciones enjambre, para desarticular las redes de extorsión y otros delitos que involucran presidentes municipales y regidores, no se dan abasto.
Si se trata de proseguir con el desmantelamiento del aparato de gobierno en aras de liberar recursos para las dádivas sociales, cerrar Gobernación y del Palacio de Covián hacer un museo de la ingobernabilidad es una idea que cabe dejar sobre la mesa. El reloj chino puede ser reubicado. En este gobierno la política interior, cualquier cosa que entiendan por eso, se decide y ejecuta en Palacio Nacional. ¿Cuándo escuché algo parecido?
Política Económica.
Casi estancada nuestra economía desde hace años, cuando el nuevo régimen cumpla 10 años en el poder (2018-2028) el balance, que podemos anticipar desde ahora, será el de otra década perdida para los mexicanos. En breve y certero análisis, el ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe, localizó la causa del estancamiento: nuestra economía no crece porque los motores del crecimiento están apagados.
La cadena virtuosa que une la inversión y el crecimiento está rota. La fallida extensión a largo plazo del TMEC, para dar paso a revisiones anuales, ha dejado en la incertidumbre a buena parte del sector exportador. La situación de las finanzas pública es la más crítica en lustros. Seguir regalando dinero para obtener votos tiene límites que están por desbordarse.
Puede el gobierno presumir del tipo de cambio entre el peso y el dólar, explicado más por la debilidad del segundo que por la fortaleza del primero, pero no podrá en el corto plazo ignorar los efectos negativos que tal situación está provocando en el sector exportador y en las importaciones de bienes de consumo para el mercado interno. Sumemos a lo anterior el deterioro del poder de compra de los ingresos que por remesas reciben millones de familias mexicanas que, en lugar de cambiar cada dólar por 20 pesos, hoy reciben 17 o menos.
La mediocridad es el mejor resultado que el gobierno puede presumir de su gestión en el terreno económico. No es casual que la propaganda presidencial del segundo informe esté enfocada a pregonar los programas y dádivas sociales, con la imagen de una presidenta franciscana, sonriente por ser la benefactora de las familias pobres. Es la antesala de la propaganda de Morena para el proceso electoral que está por iniciar.
Parafraseando el eslogan de la propaganda oficial: sin honestidad, no hay buenos resultados.
